El Equipo Argentino de Antropología Forense identificó los restos de Carlos Medina González, un estudiante universitario de 20 años que había desaparecido en abril de 1976, durante la última dictadura militar.
Según se informó, Medina González estuvo detenido ilegalmente en el Pozo de Vargas, un centro clandestino de detención ubicado en la zona de Tafí Viejo, a unos diez kilómetros de San Miguel de Tucumán, cuando la provincia estaba bajo el mando de Antonio Domingo Bussi.
Con esta identificación, ya son 122 las personas cuyos restos fueron restituidos con nombre y apellido, sobre un mínimo de 149 individuos hallados en esta fosa clandestina.
El Pozo de Vargas es considerado la fosa clandestina más grande del país. Se trata de una estructura circular de tres metros de diámetro y 37 metros de profundidad, utilizada durante el terrorismo de Estado.
Las primeras pruebas que permitieron detectar restos humanos fueron realizadas por el Grupo Interdisciplinario de Arqueología y Antropología de Tucumán (GIAAT). Posteriormente, comenzaron las excavaciones arqueológicas, que demandaron casi dos décadas de trabajo, principalmente a cargo del Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán (CAMIT).
Debido a las condiciones del lugar, la humedad, la estructura del pozo y la forma en que fueron arrojados los cuerpos, los restos óseos recuperados se encontraban mezclados y fragmentados. En total, se hallaron alrededor de 38.000 fragmentos óseos, además de prendas de vestir y otros objetos.
El EAAF comenzó a recibir los restos en 2011 para analizar el material, establecer la cantidad de personas inhumadas e iniciar los procesos de identificación mediante perfiles genéticos y reagrupación de huesos.
El trabajo científico continúa siendo fundamental para devolver la identidad a las víctimas de la última dictadura militar y aportar respuestas a sus familiares, después de décadas de búsqueda.
NA